Mi mundo paralelo
viernes 2 de marzo de 2012
martes 21 de febrero de 2012
Lo que hay entre tú y yo
Nos conocemos desde siempre. Toda la vida juntas. Sin embargo, no fue hasta hace unos años cuando me di cuenta de que estabas ahí. Sentí como crecías, como madurabas, como te hacías cada vez más independiente. Al principio, me producías curiosidad. Te miraba extrañada. Observaba como tomabas las riendas en determinadas situaciones. Recuerdo cómo te ponías al mando cuando hacía falta. Responsable, admirable, siempre firme. Pocas veces te he visto derrumbarte. Quizá dos o tres. Cuánto dolor entonces. Insoportable. Creí morir en esos momentos.
Pero volvías a recuperarte. Discusiones, divorcios, muertes, rupturas… nada podía contigo. Recuerdo cómo bajabas con tu hermano al parque para que no viera a tus padres llorar. Cierro los ojos y te veo conduciendo a las seis de la mañana, de vuelta de una tierra del sur, los ojos empañados en lágrimas por enésima vez. Pienso en esa familia que nunca conocerás. Me acuerdo de aquella vez que te traicionaste a ti misma. La repulsión que sentiste. El “nunca más” que se grabó a fuego en tu interior.
La felicidad. De eso también me acuerdo. Momentos fugaces que te devolvieron a la vida. Los nervios del primer beso que te diste en Mallorca con un chico al que apenas conocías. Aquella vez haciendo rafting en los Pirineos con tus mejores amigas. El hormigueo del enamoramiento. Recuerdo aquel nacimiento. Echo la vista atrás y huelo a mar. Comidas familiares multitudinarias y carreras hasta la piscina. Veo a través de tus ojos esa mirada que hace que pierdas el sentido. Podría recrear segundo a segundo aquella confesión que te hicieron bajo los árboles del Retiro. Y los festivales, qué puedo decir, ahí tu felicidad se multiplica y se expande.
Lo que hay entre tú y yo no puede describirse con palabras. Quizá ni los sentimientos sean capaces de reflejar nuestra relación. Va más allá. Más lejos, más profundo, más intenso. Te admiro profundamente.
viernes 10 de febrero de 2012
jueves 9 de febrero de 2012
Momentos
"Somos el resultado de la suma de momentos de nuestra vida".
Entonces yo soy una noche gélida de enero en la plaza de España de Roma. Risas. Miradas cómplices. Fotografías. Sacar la lengua para sentir el frío. Besos. Caricias. Intensidad. Fuego en mitad del hielo. “No, gracias, no queremos una rosa”. Soy una conversación en lo alto de las escaleras, con la ciudad eterna como testigo. Larga, pero incompleta, inacabada. Preciosa. Perfecta.
Soy una tarde de verano, sobre un césped húmedo. El agua de la piscina, cristalina. El calor, agobiante. La música de fondo. Gafas de sol y bikinis. Hablando de todo y de nada. Solo nosotras tres. Refrescos, “con hielo por favor”. Algo de marihuana. Tranquilidad. Sol. Risas. Sentirse en la cima del mundo, con toda la vida por delante. Meter los pies en el agua y sentir un escalofrío. Sonreír.
Soy un atardecer en la playa. O varios. Los pies entre la arena. Tumbada. Solo las olas me acompañan. Hace frío. Y estoy sola. Me siento sola. Me siento bien. Oigo mi respiración y la acompaso al romper de cada ola. Miro al infinito y me parezco insignificante. Pienso, y dejo la mente en blanco. El sol ha desaparecido. Es hora de marcharse. Es hora de volver.
Soy una mañana de domingo. Mi perra me despierta lamiéndome la mano. El olor a café por toda la casa. Risas a lo lejos. Y música. Mi padre ya ha puesto uno sus vinilos. Desayuno. Churros. El periódico. Vuelvo a la cama y dejo que los rayos del sol inunden la habitación. Mi hermano salta en mi cama. Le hago cosquillas. Es feliz. Yo también.
Soy un día de lágrimas. O varios. Un último adiós. Rabia e impotencia. Un dolor tan profundo que serías capaz de atravesarte un brazo con tal de camuflarlo. Son saladas, las lágrimas. Son delicadas, solo salen en ocasiones especiales. Hay que tratarlas bien. Si reniegas de ellas, volverán con más fuerza. Si te las tomas a la ligera, se acostumbrarán a tus mejillas. Hay que respetarlas.
Soy una sonrisa. De complicidad. Una mirada que se cruza. Un mensaje que llega. Una canción que inspira. Un libro que enternece. Una película que emociona. Una tarde soleada en un parque con malabares. Soy una noche recorriendo bares entre risas. Un viaje único a Valencia. Un segundo de placer. Unos tulipanes inesperados. Una sorpresa. Una ilusión. Un grito. Una carcajada. Y lo mejor aún está por llegar…
domingo 1 de enero de 2012
Ilusión
Enciendo el ordenador. Pongo ‘Coffee and TV’ de Blur de fondo. Abro un documento nuevo. Una página en blanco. Me quedo un buen rato mirándola. Voy a beber agua. Vuelvo. Sigo mirándola. En blanco, como mi mente. Necesito inspiración, pero no la encuentro. No sé dónde ni cuándo la perdí, pero no soy ni una sombra de lo que era antes. Hace años era capaz de llenar libretas enteras en dos tardes. Borbotones de pensamientos y sentimientos se agolpaban en mi mente, en mi corazón, deseando ser expresados de alguna forma.
Cada vez es más esporádica esa necesidad. ¿Será la estabilidad? ¿Será verdad que para ser un gran artista (o una modesta escritora) es necesario sufrir? La intensidad de las emociones sacan lo mejor y lo peor de nosotros, está claro. ¿Pero por qué no puede ser la felicidad una de esas emociones? Creo que es posible, aunque los mejores textos que recuerdo salieron de la rabia, el sufrimiento y el dolor. Es curioso cómo esas desagradables sensaciones pueden transformarse en algo bello.
Ahora suena ‘Hey there delilah’ de Plain White T’s. Vuelvo a levantarme. Me tumbo en la cama. Miro al techo. Pienso. En todo. En todos. Recuerdo momentos, conversaciones, gestos, regalos, abrazos, miradas, fiestas, el frío, la playa, las lágrimas, las sonrisas, el amanecer… Echo de menos esa parte de mí, creativa aunque algo atormentada. Prometo buscarla este año.
‘Only if for a night’, de Florence + The Machine me acompaña mientras termino de escribir estas líneas. Empezamos de nuevo. 366 días en blanco. Mucha ilusión por llenarlos, de novedades y de costumbres conocidas. Empiezo con ilusión. Mucha. Como siempre. Espero lograr todo lo que me he propuesto. Lo deseo. ¡Feliz 2012!
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